Las mulas del comercio alegal

Galería de fotos: Marcos Moreno ©

Ceuta es una de las ciudades que han marcado las relaciones entre España y Marruecos desde la independencia de este segundo país, objeto de una gran fiebre nacionalista por ambas partes la ciudad oculta muchos secretos. Popularizada recientemente por la serie El Príncipe, el enclave español en África esconde un drama humanitario que se traduce en pingües beneficios para los diferentes grupos comerciales a ambos lados de la frontera, grupos que se aprovechan de una situación económica especial.

Guardia Civil take out an old woman to Morocco for try jump the queue the line . Ceuta, november 3 2016. PHOTO: MARCOS MORENO

Marcos Moreno

La excepcionalidad de la ciudad se traduce en beneficios fiscales tan suculentos como la no aplicación del IVA (impuesto del valor añadido), sustituido por el IPSI ( Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación) y otros beneficios como la bonificación del 50% de la cuota correspondiente a los rendimientos generados en Ceuta y Melilla, entre otros beneficios. Esto podría generar una situación de riqueza que hiciera de la ciudad un gran enclave económico, pues no es así ya que Ceuta es la ciudad de más de 40 000 habitantes con más paro de España, un 38% de parados que se traducen en 12.895 sin trabajo de un total de 84.263 habitantes, obviamente no todos aptos para trabajar.

La situación de depresión económica de Ceuta hace que el comercio con Marruecos sea de vital importancia ya que es un gran motor financiero y la mejor manera de exportar estos productos desde España al país vecino no es otra que los porteadores. Tratados como mulas de carga, sin derechos y sin protección las porteadoras cargan con kilos de mantas, teléfonos móviles, muchos de ellos robados, ropa y todo lo que una persona pueda cargar. Cierto es que algunas veces, por no decir casi siempre, desconocen la naturaleza de la carga que llevan y que podría comprometerlos gravemente si portan algún tipo de sustancia u objeto ilegal.

People carrying hundred of pound in home clothes and tecnology crossing Tarajal beach. Ceuta, november 3 2016. PHOTO: MARCOS MORENO

Marcos Moreno

Trabajan en régimen de semi esclavitud, cobrando entre 10 y 80 euros por viaje, aunque parte de ese dinero se pierde en sobornos a la policía marroquí que controla su lado de la frontera desde dónde nos hacen saber que no quieren fotos. Curiosamente al poco tiempo nos llovieron piedras desde el lado marroquí, todo para no fotografiar el anodino pasillo de rejas enrevesadas que como en un matadero o campo de concentración guía a todo aquel que cruza de uno a otro lugar. Sólo hay un límite para comenzar a transportar los fardos y es la edad legal para poder cruzar la frontera aunque, todo sea cierto, se ven niños que acompañan a sus familiares y, tal vez, comienzan a aprender su futuro oficio, el único límite en este oficio es hasta que el cuerpo aguante.

Sí, la mayoría son mujeres y sí, también, la mayoría son mujeres mayores que pertenecen a una estructura bien controlada, jerarquizada y preparada en la cual cada uno sabe lo que tiene que hacer, a quién vigilar y como controlar las situaciones que se vayan presentando dentro de este aparente caos dónde inefablemente existe un patrón.

Dicho patrón comienza ya de madrugada, cuando no hay seguridad, ya que el paso fronterizo del Biutz está abierto desde las 07:00 hasta las 12:00 del mediodía, únicamente cinco horas. Muchas porteadoras prefieren el paso del Tarajal porque allí pagan menos a la policía marroquí. Por la hora a la que comienza la jornada muchos de los porteadores pernoctan en la playa del Tarajal, prohibido para ellos ya que tienen el pase de frontera y aunque pueden trabajar en Ceuta no pueden pasar la noche en la ciudad. De nuevo se viola la ley.

Guardia Civil indicate an old woman going back to the line. Ceuta, november 3 2016. PHOTO: MARCOS MORENO

Marcos Moreno

Mientras se desperezan aún en la madrugada, muchos no han dormido por el jaleo, el frío, el calor o la humedad. Ya se acerca la hora de ir llegando a los polígonos dónde los comerciantes preparan los fardos que están marcados con el logo que les identifica como dueños de esa carga y que será reconocida por el receptor en tierras marroquíes. Los tres polígonos de Ceuta están tomados por la UIP que al mismo tiempo que evitan momentos de tensión entre los aspirantes, reparte tickets a las personas que podrán pasar ese día la frontera. Dichos tickets, curiosamente, jamás lo recibirá un español ya que la oportunidad de ser porteador está reservado exclusivamente a los marroquíes. Muchos ceutíes protestan de que nos les dejen poder trabajar en ese oficio, el único que podrían realizar, son jóvenes españoles sin trabajo, sin ayudas y que ven en este trabajo la única manera de subsistir.

Yusuf, jóven ceutí de dieciocho años, nos dice que cuando los ceutíes cruzan como porteadores la policía marroquí no les da problema porque les pagan unos euros y les dejan pasar pero aduce que la policía española no quiere que ellos estén ahí ya que no quieren ceutíes porteando, denuncia ciertas prácticas comprometedoras con los tickets y nos cuenta que se venden, revenden, falsifican o se usan por varias personas para poder hacer más viajes. Él intenta cruzar con su pasaporte español cubierto por un forro que imita a un pasaporte marroquí ha porteado alguna vez pagando a la policía de marruecos, desde que era menor está aquí esperando nuevas oportunidades que a veces se demoran.

A woman carrying hundred of pound in home clothes and tecnology in Tarajal beach. Ceuta, november 3 2016. PHOTO: MARCOS MORENO

Marcos Moreno

Una vez cargados los porteadores, hombres y mujeres de cualquier edad, como si fueran camellos o mulas comienza la penosa marcha hacia el paso, la zona de la ciudad se encuentra bajo control policial pero la frontera está bajo control de la Guardia Civil que hace turnos de ocho horas, desde las 07:00-15:00 y el segundo turno desde las 15:00 hasta las 23:00. Los grupos que controlan la frontera son sustituidos cada dos semanas por nuevos equipos llegados desde la península.

En la frontera se viven auténticos momentos de tensión, la carretera de entrada está al lado de la playa y toda la frontera. La carretera, el paseo marítimo y la playa están a rebosar. Coches y motos pasan sin cesar, los porteadores se agolpan para intentar cruzar lo antes posible y se cruzan entre el tráfico provocando accidentes, muchos son atropellados, cuando se produce alguna intervención en la cual la Guardia Civil baja la guardia, se producen las estampidas, gritos, nervios y tensión bajo un sol de justicia mientras el sudor y las caras de tensión por cargar kilos y kilos de fardos sobre las espaldas arqueadas hace que algunas mujeres colapsen y caigan desmayadas por el sobre esfuerzo de estos cuerpos castigados, otras arrastran los gigantescos fardos por la acera o la carretera, es increíble que cuerpos tan menudos en unos casos y tan envejecidos en otros tengan tanta fuerza.

Carriers pushing the package from Ceuta to Biutz pass. Ceuta, november 2 2016. PHOTO: MARCOS MORENO

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Cualquier excusa es buena para cruzar con el máximo de carga y lo antes posible, se simulan enfermedades y discapacidades, los falsos paralíticos y las falsas muletas para simular cojera son una constante, todo ello bajo la atenta mirada de una Guardia Civil al límite de su paciencia, que muchas veces la pierde. La Guardia Civil es asistida por colaboradores vestidos con un peto naranja que hablan árabe y a su vez todos están controlados por chivatos y pequeños capos que desde la atalaya de un pequeño montículo paralelo al paseo marítimo y a la playa controlan el desarrollo de los acontecimientos, siempre asistidos desde abajo por ex porteadoras que al parecer han ascendido de rango dentro de este tosco organigrama y ejercen como intermediarios entre los de arriba del montículo y los siempre agotados transportistas.

El control del tráfico depara sorpresas ya que los coches van cargados también, en este caso están a rebosar de comida, quesos, chocolates, patatas fritas de bolsa y demás productos alimenticios. La Guardia Civil controla férreamente el paso al igual que la Policía Nacional que está en el control de pasaportes de esta frontera llena de pasillos enrejados, estrechos tornos y salas de control que se parece más a una cárcel que a una frontera, hay cierta sensación de ilegalidad cuando se es engullido en esta masa metálica rodeado de personas claramente hastiadas y doloridas por semejante oficio.

Carrier pushing the package from Ceuta to Biutz pass. Ceuta, november 2 2016. PHOTO: MARCOS MORENO

Marcos Moreno

Todo esto se da a la vista de cualquiera que tenga que cruzar la frontera, pero algo sesgó nuestra experiencia cuando descubrimos que a parte del paso del Tarajal y del Biutz existía un tercer paso fronterizo. El Tarajal II es más amplio, mucho más moderno, confortable, agradable y estaría exclusivamente dedicado a las porteadoras, pero se encuentra abandonado y pudriéndose por el desuso. Un nuevo paso de frontera que ha costado varios cientos de miles, sino algún millón de euros, totalmente muerto y pasto del olvido, un claro ejemplo de la indiferencia de la administración para atajar este problema. En ciertos foros se acusa a Marruecos de no querer abrir este paso ya que a los intereses de Rabat no le conviene un aumento del control sobre los fardos que cargan las porteadoras aunque por otro lado el Tarajal II permitiría quitar de la vista de los turistas semejante drama a veces dantesco.

El caso es que entre las relaciones internacionales y sobre todo cuando existen intereses económicos que arrojan pingües beneficios tanto en la deprimida Ceuta como en el desamparado norte de Marruecos se prodiga el vetusto dicho de Don Francisco de Quevedo «Poderoso caballero es don dinero». Ya que dónde se ha prodigado una infraestructura internacional de comercio perfectamente engrasada y estamentada que implica intereses económicos a ambos lados de la verja los porteadores dejan de importar a nadie. Explotados, denostados e ignorados cruzan impávidos y resignados las rejas que separan España y Marruecos con ojos cansados, facciones arrugadas que muestran las trincheras de una vida entre cruce y cruce, espaldas deformadas, caderas, rodillas, tobillos y pies hinchados y doloridos, todo por las sobras de unos míseros euros que se pierden entre sobornos, jefezuelos y capos de tres al cuarto siempre sonrientes, soberbios, desafiantes y cómodos.

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