Salida de socorro

La denuncia fue lo que me llevó a la fotografía y esta al fotoperiodismo. Cuando cogí una cámara por primera vez en 2004, lo hice para mostrar lo que pasaba a mi alrededor, pero sobre todo para gritar y patalear ante una sociedad dormida, impasible. Después de 4 años vagando con mi cámara me tropecé con esas personas que no se juegan nada porque ya lo tienen todo perdido, los llaman indocumentados, inmigrantes, migrantes, ilegales.

Para mi no son nada de eso, son simplemente personas que intentan escapar de la miseria, de la guerra, de las persecuciones, de las violaciones, de las enfermedades, del hambre, de la ira del ser humano.

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La primera vez que cubrí una llegada de estas personas a Tarifa, en 2008, no daba crédito a lo que veía, niños, mujeres y hombres con hipotermia, con cara de miedo, de felicidad, de angustia, pero sobre todo de incertidumbre y esperanza. No sabían que les depararía su nuevo futuro, el que se habían ganado arriesgando la vida de sus hijos y las suyas; no todos lo consiguen, son muchos los que se quedan en el cementerio de 14km que le llaman Estrecho de Gibraltar.

Al paso del tiempo me di cuenta que cada vez eran más africanos los que me seguían en las redes sociales, hasta el punto que me hablaban preguntando si habían llegado sus familiares o amigos. Comprendí que poner mis fotos en las redes sociales era como un tablón de anuncios para ellos. A través de mis fotos ellos se informaban y sin darme cuenta me convertí en el mensajero.

Independientemente de mis publicaciones en los medios de comunicación de todo el mundo, mi labor en las redes sociales se había convertido en un pilar importante en mi trabajo; realmente era para lo que había cogido mi cámara en mis inicios, para denunciar, para intentar ayudar.

Llegado a este punto ya no me conformaba en hacer la llegada de estas personas a las costas españolas, quería ver como pasaban esos 14km de mar que separan África de Europa, ese mar que tantas vidas se había tragado. Decidí ir todos los días a Tarifa, a pedir a Cruz Roja y a Salvamento Marítimo que me dejasen embarcar con ellos, así estuve durante un mes y medio recibiendo la negativa por parte de ellos hasta que un día conseguí embarcar, creo que por pesado.

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No todos los días llegaban personas desde Marruecos, ni todos los días los veían, ya que muchas veces los pillaban la Marina marroquí; la primera vez que embarqué nos cruzamos con una embarcación ligera de la Guardia civil que había rescatado a 12 personas y pude fotografiarlos de pasada en aguas del estrecho.

Continué intentando embarcar día tras día, hasta que una mañana me llamaron muy temprano, a eso de las seis, salté de la cama y sin ni siquiera lavarme la cara ya me encontraba conduciendo hacia Tarifa, que está a unos 45 minutos en coche.

Cuando llegué a la asamblea de Cruz Roja ya me estaban esperando. Me puse el mono acuático y el casco y cuando estuvieron listos nos lanzamos hacia el estrecho en la Hermes. Algo me decía que iba a ser un día duro. Nos encontramos con la primera balsa con 10 personas a bordo, por decir algo, iban con una pierna dentro y otra en el agua y uno de ellos sacando agua con un cubo de playa, una imagen desgarradora que nunca podré sacar de mi cabeza.

Los rescatamos sin problemas y los trasladamos a la Salvamar Alkaid, embarcación de Salvamento Marítimo que participaba en el rescate. Continuamos buscando porque el Helimer, helicóptero de Salvamento Marítimo, nos decía que había más balsas con personas a bordo. En el operativo trabajaban también personal de Tarifa Tráfico y Tánger.
A los pocos minutos vemos a lo lejos otra patera (balsa de plástico), con 8 personas, a las que rescatamos sin ningún problema. Procedimos a su traslado a la Salvamar Alkaid. Al operativo de rescate se sumó la Salvamar Gadir, a la que vimos junto a un buque de la Marina Marroquí y nos acercamos con cautela ya que estaba en aguas marroquíes. Cuando llegamos al lugar nos encontramos con una balsa volcada y 12 personas en el agua, un caos, los de Salvamento sacando a dos personas del agua casi sin fuerzas, los marroquíes intentando sacar a otras tres sin éxito, en parte porque ellos no querían ser rescatados por la Marina marroquí, ya que eso suponía volver a empezar y perder todo el dinero invertido.

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En un principio nos quedamos entre las dos embarcaciones esperando reacciones de los marroquíes, pero cuando vimos que la vida de algunos de ellos corría peligro, nos pusimos a rescatar de inmediato, digo nos pusimos porque tuve que tirar mi cámara para atrás y sacar a uno de ellos al que sólo le quedaba una mano fuera del agua y me miraba con los ojos abiertos. Mi trabajo era documentar y no rescatar, pero el patrón estaba sacando a una mujer del agua, el marinero a otro hombre y yo sin pensarlo ni un segundo me lancé a sacar al que se estaba hundiendo con ropa y chaleco incluido.
Estas fotos distribuidas por AFP y AP se publicaron en todo el mundo, llegando a ser una de ellas portada del International New York Times, lo que me dio una satisfacción enorme ver como mi denuncia llegaba a todos los rincones del mundo.

Pude hacer varios rescates más, días posteriores, aunque no muchos, dos más, las autoridades españolas me prohibieron subir más a ninguna embarcación del estado, por mi seguridad, claro.

Así que cada vez que llegaba alguna patera me iba al puerto de Tarifa como hacen todos los medios de comunicación, a esperar que llegaran a puerto, con la sorpresa de que un día estaba esperando en el pantalán y llegaba la Salvamar alkaid con unas 50 personas y cuando me reconocieron comenzaron a gritar “Marcos Moreno” “Marcos Moreno”, fue increíble, indescriptible, se me encogió el corazón. Ahí me di cuenta de que estaba haciendo bien mi trabajo, ese era el mayor reconocimiento hacia mi trabajo. Mi sorpresa fue que cada vez que llegaban pateras ocurría lo mismo, todos sabían quien era yo y lo que hacía, mis fotos difundidas en los medios de comunicación y en las redes sociales habían hecho que estas personas se interesaran por saber quien era yo y lo que hacía. Todos los días recibo mensajes privados, llamadas o mensajes públicos, el último, ayer mismo, me pide amistad en facebook un hombre negro, lo acepto, me escribe un privado diciéndome que es un orgullo para el saludarme, le pregunto que como está y que si está en Marruecos y me contesta que estaba en Almería, España, y que yo lo saqué del mar. Me quedé de piedra, pero ya me ha pasado de todo con ellos, hasta fui detenido junto a 21 personas en la zona de Malabata, Tánger muy cerca de la orilla ya inflando la embarcación para saltar al mar. Fui a contar como vivían en los pisos pateras de Boukhalef, Tánger y en las cuevas en zonas montañosas cerca de Tetuan y unos de los días decidí unirme a una expedición para contar como 8 hombres y 2 mujeres intentaban cruzar el estrecho de Gibraltar, fue ahí cuando nos detuvieron a todos.

Otro día de agosto del año 2014 fueron rescatadas 1300 personas del Estrecho de Gibraltar en balsas de juguetes, Europa no pagaba a Marruecos y este fue el castigo, dos días llegando pateras sin parar. En una de ellas llegó un bebé de tan solo 11 meses a la que los voluntarios de Cruz Roja le pusieron “Princesa”, Fátima, que así es su nombre real, había cruzado el estrecho en una balsa de juguete sin sus padres, cuando se dispusieron a embarcar en Tánger a su madre la intentaron retener las autoridades marroquíes, su padre soltó al bebé a sus compañeros de viaje para poder auxiliar a su mujer, cuando volvieron para embarcar, ya era tarde, la balsa se había adentrado en el estrecho por las corrientes.

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Al llegar al puerto, oí como un voluntario de Cruz Roja decía a otro que venía sola, inmediatamente empecé a seguir sus pasos y los seguí hasta el polideportivo habilitado a donde fueron trasladados, allí confirmé la noticia y me enteré del apodo cariñoso que le habían puesto a Fátima, “Princesa”.

Salió publicado en el diario El País y comencé a recibir llamadas y mensajes de todas las televisiones, incluso extranjeras. Después todo se olvidó, pero yo seguí interesándome, en la niña y en sus padres. La niña fue dada en acogida a una familia en la provincia de Cádiz, mientras sus padres, sufriendo en Tánger sin poder hacer nada y sin recibir ayuda de ningún tipo, el padre, me contó cuando fui a verlo a Tánger, que hasta les estaban intentando convencer de que dieran a su hija en adopción, que sería lo mejor para la pequeña. Después de dos años sin verla, su padre, John, que en paz descase, enfermó con hepatitis C y cáncer de hígado y se fue sin poder abrazar a su hija, algo tan duro que es difícil de imaginar. Su esposa se puso en contacto conmigo a través de Facebook, pidiéndome ayuda, estaba sola en Marruecos, sin su marido y sin su hija. A través de un amigo de El País nos pusimos en contacto con Caritas de Madrid y nos pidieron que no publicásemos nada que iban a intentar reunir a lo que quedaba de la familia, y que si publicábamos algo, podría perjudicar el proceso. Obviamente no sacamos nada en prensa y al tiempo, recibí unas fotografías que nadie ha visto de Fátima con su madre en España. Al menos estoy tranquilo de que está junto a su madre.

Otra de mis visitas a Marruecos fue cuando recibí un mensaje diciéndome que había 86 personas durmiendo en un cementerio cerca de Tánger porque los habían echado de los pisos donde estaban viviendo en Boukhalef, aproveché un viaje que hice con una ONG de Gibraltar para hacer un trabajo de los minusválidos en Marruecos y fuimos a ver tal atrocidad. Cuando a las 6 de la mañana nos acercamos al cementerio guiado por tres contactos que tenía vía facebook y vimos a esas personas durmiendo incluso encima de las tumbas fue escalofriante, terrible, una sensación de muertos en vida.

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Otra historia que no puedo dejar de contar de este viaje es que conocí a grandes personas, Chris, que afortunadamente con la ayuda de esta ONG volvió a su país y montó un negocio y Bell, que desafortunadamente después de varios intentos de cruzar el estrecho de Gibraltar decidió hacer la ruta de Libia y se quedó en el Mediterráneo, con una familia que dejó atrás en su país y un hijo que ni siquiera conoció.

En definitiva, hoy en día sigo muy de cerca a estas personas que intentan pasar el estrecho y puedo decir que ha sido de las experiencias más duras, bellas e intensas que he vivido en el fotoperiodismo y en mi vida.

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